Diciembre 7 2009.
La ciudad se ha vuelto lentamente mas fria, gris y solitaria que de costumbre.
El crudo invierno se ha apoderado de ella y le ha robado en un parpadeo los alegres colores que decoraban los parques siempre vivos, las casas siamesas en los vecindarios y las interminables calles y avenidas que la cercenan.
El blanco, color de la pureza; se ha adueñado de las banquetas, de los jardines y patios, de las madrigueras de los roedores, del calor de la gente y del ruido del mundo.
Todo es ya como en el cine mudo; acciones sin sonido. Es un teatro sin calefactor, sin aplausos, ni voces; solo vacio, blanco y frio vacio.
Los niños han dejado sus juegos sin terminar, las mascotas se han escondicdo debajo de la mesa; junto a los pies del amo.
Solo la clase obrera es la que asoma su existencia al rigorista clima. Siguen caminando dia a dia; corriendo mas bien, deben llegar a tiempo. Piensan que es mejor tener frio y no hambre. Es mejor no sentir ninguno y tan desdichado sentir los dos. Ellos lo saben, por eso no se detienen; manteniendo la mente ocupada en frivolidades los sentimientos pasan a segundo termino.
Los ladrones tambien salen en el frio, salen a robar calor; el calor es un botin exquisitoen estos dias. Lo roban en todas partes: las paradas de autobuses, los supermercados, oficinas gubernamentales y en cualquier lugar donde una multitud lo despida.
Las madres protegen a los hijos del frio. Los envuelven en sueteres, chaquetas y bufandas, en guantes, bonetes y botas de nieve; todo de colores similares. Les guardan calor de hogar en la lonchera o en la mochila o en el billete que meten enrrollado en en las bolsas de su pantalon. Y los dejan listos para combatir el invierno.
Afuera el concreto, la madera, el metal y todo lo demas es frio; adentro; la carne, la cama y el aliento son calidos y yo sigo siendo tibio.