
Diciembre 3 2009.
Siempre me pregunto el porque de la mirada que usas conmigo. El bisturi en que se convierten esos ojos color mar profundo, que poco a poco cercenan las capas de mi piel hasta dejarme abierto en canal, ya con mis adentros removidos.
Me gustaria fueran mios y ponerlos en la mesa de noche junto a la cama, en medio de la lampara y el vaso de agua.
Jugaria con ellos, como juegan los niños con sus juguetes hechizos, dejando a la imaginacion hacer la mayor parte del trabajo.
Les pondria nombres y los llevaria a pasear.
Me sentaria con ellos en el parque, enseguida de los viejos que juegan domino, comeriamos helado y masticariamos projimo, como lo hacen las señoras que llevan velos cubriendoles los cabellos y un libro de oraciones y un rosario en la mano.
Iriamos a los grandes almacenes a caminar, viendo mercancias llegadas de lugares inimaginables y lejanos, saldriamos sin con las manos vacias y burlandonos de lo absurdo de los precios.
Entrariamos en un museo y admirariamos las obras de artistas tristes de tiempos hermosos, y nos hariamos pasar por eruditos del arte y criticariamos las formas y los colores, y hasta el ritmo.
Esto y mil cosas haria junto a tus ojos, si de pronto te decidieras a depositarlos en la palma de mi mano con la misma confianza con la que el ciego le encarga su vida a un lazarillo.
Los mandaria enmarcar y los colgaria en la pared mas fria de mi habitacion con el titulo de "los ojos que lo han visto todo".
Les prenderia veladoras todas las noches, les rezaria oraciones llenas de desvario y locura, con alabanzas y cantos cual ritual del medievo.
Los limpiaria con el mayor de los cuidados cada martes como debe ser, y los llevaria al doctor cada fin de mes para su chequec rutinario.
Y el dia que sienta que no laceran mas mi alma los botare a la basura y te ire a buscar.

